Suele pasar. Cápsula 2. Casi actriz nopor
Corrían esos intensos años iniciales del segundo milenio; para mí era una época muy movida y activa socialmente hablando. La plena juventud con sed de descubrimientos y aventuras donde no había sueño, cansancio, dolores articulares, desgano ni falta de dinero cuando de salidas y farras se trataba. También llovían las invitaciones por aquí y por allá, a un partidito en Sajonia, un volley después, el cumple de alguna conocida más tarde, encuentro en el pub del momento, porque sí, ¿por qué no?, por todo y por nada era una buena razón para salir.
También es importante señalar que no existían celulares inteligentes, redes sociales, ni tan siquiera internet; algunas personas teníamos cámaras fotográficas o teléfonos de línea baja y conocíamos a las personas saliendo de fiesta o en torneos de futbol, en mi caso que andaba metida en ese mundo cuando joven.
Esto pasó en un lapso posterior a que terminara mi primera relación formal, yo andaba de bajón, pero estrenando soltería, claro está. Fue una de esas noches de pub acompañada por Sam con quien andábamos de aventuras inesperadas siempre, ¡Cuántas anécdotas sin evidencias! 😅 las cuales espero poder relatar antes que llegue el olvido a tocar mi puerta. Nuestro lugar de reunión siempre fue su casa (la casa de Sam) a donde acudíamos todos los chicos y chicas del grupito alegre que formábamos para realizar "la previa"; porque claro, era más barata la cerveza del mini súper cercano que de los pubs y discotecas, así que bebíamos lo suficiente hasta decidir que ya era hora de ir a bailar, -je je- recordar esos tiempos me roba una sonrisa; lo mucho que éramos capaces de beber y aguantar hasta entrada la mañana del día siguiente, unas bestias peludas fuimos, pero bueno, seguimos aquí para contarlo.
A eso de la medianoche caminábamos hasta la parada a unos 100 metros para tomar la línea 51 que nos llevaría hasta Mariscal López y San Martín donde tomaríamos el 31 que nos lleve a nuestro destino de diversión y joda total. Al bajar del colectivo teníamos que caminar otros 150 metros para llegar a la puerta del pub en donde nos recibía el buen Monky, el musculoso y churro guardia del pub. Aunque en esa caminata previa solíamos encontrarnos con varios conocidos que también llegaban pero en sus coches e iban estacionando lo más cerca posible de la entrada debido a algunos sucesos de violencia que se daban por parte de gente que pasaba en coches gritando insultos y arrojando botellas o hasta incluso recuerdo que a un chico le clavaron en las pompis por discriminación pues se sabía que ese pub era "de ambiente".
Unos metros antes de alcanzar la entrada, una chica conocida dentro de un coche desconocido y desde el asiento del acompañante, saludó a Sam efusivamente, me detuve mientras conversaban y el resto de los chicos y chicas fueron entrando al pub, sólo yo me quedé esperando a Sam y entonces me llama y me acerco al coche, observo adentro saludando a todos agachando la cabeza y con la mano "hola a todos" y apretando la mano de la conocida a quién llamaré Marta, un buen apretón de "machas" (jajajajaja), en fin, me presenta al hombre que conducía el coche -él es Andrés, un socio re buena onda-, entonces Andrés -cómo estás Jazmín, un placer conocerte- (apretón de manos) y a sus "amigas" que estaban en el asiento de atrás, las cuales me miraban sonrientes y hasta un poco lascivas, -ellas son Liza y Milena-, entonces Liza -hola Jaz- saludando con la manito y Milena con una voz suavecita y la mirada fija en mí -hola Jazmín-, lo que salió por su boca y un extraño -ayudame- lo que sentí en sus ojos.
He de decir que Milena me flechó en ese mismo instante que fue como en esas películas que pasan mil cosas alrededor pero pareciera que vos y esa persona están en cámara lenta. Marta nos pregunta a Sam y a mí -¿Quieren ir a dar una vuelta por ahí?- y Andrés -Podemos ir a mi casa; anímense pues-, nos miramos con Sam con quien siempre tuvimos una buena comunicación no verbal y como ya había notado que le echó el ojo a Liza le hice un gesto tipo de jugadora de Truco y les dijo -Dale vamos-, a lo que todos en el coche se alegran -¡Bien! ¡Qué gusto!-. Milena abrió la puerta de su lado y se bajó, me indicó que me siente y ella se sentó en mis piernas; Liza hizo lo mismo de su lado y Sam la sentó en sus piernas, vaya situación más ideal e irreal.
Buena música, ambiente súper relajado, Marta servía el alcohol y nos pasaba y no había un tema específico en el camino, sólo un poco de esto y otro poco de aquello. Tal vez yo no estaba prestando atención a nada más que a la mirada de Milena sentada en mis piernas rodeándome con su brazo derecho y sujetando el vaso con la mano izquierda; la ventanilla estaba bajada al máximo y el viento que entraba hacía que su pelo negro golpee su carita misteriosa. Ella sólo me daba de beber y me mirada, no me hablaba, no decía nada.
Después de varias vueltas por aquí y por allá, llegamos a la casa de Andrés, o al menos es lo que dijo al principio; no tengo mucha noción de dónde mismo estaba así que si hoy me preguntan no sabré llegar aunque quedaba en cercanías del Sanatorio Italiano, eso lo recuerdo bien porque esperamos el colectivo para volver a casa frente al Sanatorio. Era una casa elegante pero no muy grande, entramos por el garaje lo cual me extrañó porque dejó el coche afuera. Ingresamos directo a una sala súper blanca, paredes, sofá, sillones, alfombra peluda, todo muy blanco. -Pasen y pónganse cómodas-, Milena me llevó dentro de la casa de la mano, me senté en el extremo del sofá y ella se sentó a mi lado y me preguntó -¿Qué vas a tomar?- con una actitud de avance y coqueteo muy notable que también percibí en Liza hacia Sam con la diferencia que Liza se mostraba mucho más extrovertida y desinhibida; ideal para Sam también les diré. Que aunque nos resultaba bastante extraño todo, Sam estaba disfrutando del momento y yo intenté relajarme y hacer lo mismo preguntándole cosas a Milena, cosas de ella como su edad, de dónde es, a qué dedica el tiempo libre y ese cuestionario básico para romper el hielo, sin embargo sus respuestas eran prácticamente monosilábicas y cada tanto le miraba a Andrés y se le notaba súper incómoda.
Pedí ir al baño y por más hielo a lo que Andrés dice -Llevale, mostrale la casa-; Milena se para y me vuelve a tomar de la mano para darme el house tour; -Esta es la cocina, vamos a agarrar el hielo-, -Aquí es el baño, entrá y te espero-, -Y acá es la oficina de Andrés, pero acá no tenía que traerte. Andrés es periodista. Pero no te puedo decir nada más. Vamos a volver porque ya estamos tardando-, esa "oficina estaba llena de cámaras, trípodes, cintas VHS, discos compactos, algunos libros pero sobre el escritorio no había espacio para escribir ni nada, lleno de materiales para trabajo audiovisual. Uffff, un escalofrío me recorría la espalda, y ella que me tenía de la mano fuertemente agarrada; esa casa era muy rara, no parecía que alguien viviera ahí sino más bien un lugar de trabajo. Regresamos a la sala y la cosa estaba candente porque ya habían retirado la mesa de vidrio que estaba en el centro de la alfombra y Sam ya estaba a los besuqueos con Liza en el sillón, las luces se habían atenuado casi llegando a la penumbra, una especie de vestidor que cuando llegamos estaba con las puertas cerradas ahora se abrió y había un colchón echado ahí dentro, era como en las películas de terror por ejemplo, donde las puertitas del vestidor son de persianas.
Andrés y Marta "haciendo la liga" para que nos besemos también y los cuatro haciendo porras para que lo hagamos -¡Beso, beso, beso!-, y Milena me apretaba la mano muy fuerte y me agarró con todo en un beso que más bien pareció un desesperado pedido de oxigeno en un procedimiento de RCP seguido de los aplausos y gritos histéricos de los demás. Sam y Liza fueron al vestidor y la cosa se puso ya insoportable de rara. Yo hacía como que la acariciaba y besaba el cuello pero en realidad le decía: -Vamos de acá ahora mismo, vení conmigo, vamos a casa o a donde quieras, pero vamos de acá- y ella me apartaba un poco y me miraba con ojos muy brillosos ya. Si tengo que ser sincera, moría de ganas por estar con ella pero no ahí frente a todos y fue más fuerte mi intuición y ese presentimiento que me decía -Váyanse ahora y si podés llevale a esa chica con ustedes-. Entonces me levanté con la excusa de ir al baño y traer más hielo otra vez pero en esta oportunidad le dije que podía sola, fui al baño a pensar cómo le iba a decir a Sam que ya quería irme, a los 2 o 3 minutos me tocan la puerta, era Sam -Boluda vamos de acá ahora-, y como Sam confiaba siempre en mis presentimientos y a pesar que la estaba pasando bien aceptó sin chistar.
Volvimos a la sala y ya casi todo el mundo en pelotas, o sea ¡basta!, esa fue la gota que derramó mi vaso; Sam se puso el zapato y dijo que teníamos que irnos porque nos fuimos del pub sin siquiera haber entrado ni avisado a nuestros amigos y que se iban a preocupar y bla bla un montón de mentiritas. Les dije si iríamos todos de vuelta al pub y miré a Milena diciendo -¿Vamos a bailar? ¿Te vas con nosotros?-, cuando Andrés dijo que ellos no saldrían más por esa noche y qué lástima que ya nos vamos y cosas así, me acerqué a ella y le di un beso en la frente volviendo a decirle que venga con nosotras; bajó la mirada y -Bueno, que sigan pasando bien, nos vemos, chau-. Salimos de la casa y le pregunto a Sam dónde estábamos y si ella se fijó en el camino, y me dijo que tranquila que estábamos a una o dos cuadras de España. Salimos en la calle del sanatorio y caminamos hasta la parada donde tomamos un 30 que no recuerdo si era amarillo, azul o aeropuerto; ya en el camino le dije todo lo que sentí respecto a ese lugar y ese tipo y me dijo que está todo bien.
Un par de semanas más tarde y ya con todo vuelto a la normalidad volvimos a salir y en cierto momento de la noche Sam viene corriendo de la calle y me dice -Afuera están Marta y Andrés, vamos-, tuve la ilusión de volver a ver a Milena pero esta vez la sacaría del coche y la llevaría conmigo. Demasiado tarde, ella no estaba en el coche, sin embargo con Liza estaba otra chica que ya ni viene al caso porque no recuerdo ni su nombre ni su rostro ni nada, sólo recuerdo que le pregunté a Liza -¿Y Milena?- -Ella ya viajó- -¿Viajó? ¿A dónde viajó?- -Lejos, se fue a su casa- y no quise saber nada más así que me despedí y volví a entrar. Algunos meses pasaron y nos encontramos con Marta en un partido de fútbol en Sajonia y se acercó a nosotras y nos contó lo que pasó esa noche después que nos fuimos de la casa de Andrés. Liza hizo cosas con Marta, Andrés le hizo cosas a Milena y luego a Liza, Andrés dando instrucciones para que Milena y Liza hagan cosas y le hagan cosas a Marta, Andrés le hizo cosas a Liza y Milena a la vez y así un concierto de posturas e intercambio de parejas con fines audiovisuales de comercialización masiva que en esa época venían en divertidos y baratos discos compactos con portadas impresas en impresora a color a chorro de tinta "Paraguayitas en acción", "Paraguayas calientes", "Paraguay HOT" entre otros títulos súper originales (me contaron 😁).
Entonces una vez más mis escalofríos fueron acertados y Andrés de "periodista" tenía lo que yo tengo de doctora y esa "oficina" era un set de grabación de p0rno casero intenso. Así que otra aventura de la que Sam y yo salimos ilesas gracias a mis escalofríos. Yo sólo espero que esa chica realmente se haya ido a casa y no otras cosas terribles que se me pasan por la mente. Espero que esté bien y feliz porque jamás voy a olvidar su mirada pidiéndome a gritos que la rescate de ahí, lo que su boca no podía expresar.
Bien, me voy a otras páginas ahora a seguir diseñando recuerdos. Nos vemos por ahí...
Este relato está basado en hechos reales. Los nombres son cambiados para proteger su identidad. Las imágenes aquí usadas son generadas por IA ChatGPT.






.jpg)
Comentarios
Publicar un comentario