Suele pasar. Cápsula 1. Doble y falsa moral
María es la mayor de cuatro hermanos nacidos en una familia disfuncional. Con el padre alcohólico y la madre sufrida aguantando la violencia por el qué dirán. Para dar un poco más de contexto, de familia extendida católica de la pesada, pues algunos de sus miembros pertenecen a congregaciones como el Opus Dei y las Carmelitas Descalzas, sacerdotes y monjas. De apellido ilustre en el ambiente político de principios del siglo XX en Paraguay.
De vuelta al asunto que compete a este relato; María carga en su espalda la pesada responsabilidad de hermana mayor y de haber sido sacada a la fuerza del armario cuando sólo tenía quince años por adultos ignorantes de "esos temas" en aquella época; eran inicios de los noventas y la libertad y democracia estaban en pañales; había demasiados temas tabú por ir derribando aun. Esta salida de armario obligada por ser menor de edad, desenlazó en una traumática reacción de sus progenitores; su madre la abofeteó y su padre golpeó ferozmente a su madre con duros reproches, -¡Vos tenés la culpa de todo!-. Acto seguido la volvieron a introducir al closet prohibiéndola divulgar nada de esto a nadie y enviándola a vivir con sus abuelos.
Más de media vida después, ya sin sus abuelos ni su madre, poder vivir con un pie dentro y el otro fuera del ropero, aunque como un "secreto a voces" en el entorno más cercano, seguir cargando con ese peso al cual parece haberse aferrado debido a la culpa injusta asumida por el maltrato que sufrió su madre. Claro que es una pena no resuelta de la infancia que le instalaron tan profundo en la mente que se acostumbró a ella. No hace las paces con su niña interior y se mantiene cargando su cruz y la de toda su familia.
El padre, el paria de su familia, el alcohólico, el menos pudiente, el más enfermizo, el que sobrepasaba los límites permitidos entre un padre y sus hijas de lo cual pude ser testigo en varias ocasiones. Empezando a padecer ya la demencia senil que avanza rápidamente en cada rincón de su cerebro volviéndolo en ocasiones totalmente inútil para manejarse solo. Olvida convenientemente a ratos cada vez más frecuentes, de los abusos que cometió contra su esposa e hijos en otros tiempos. En su mente, en ocasiones, su esposa sigue viva y pregunta dónde está; cuando vuelve a la realidad llora y se culpa por no haber sido él quien muera en lugar de esa señora "tan buena que lo amó tanto". Pobre de él que tiene que vivir este infierno de ir olvidando su negro pasado y respirar con dificultad.
Sus hermanos Nino, Luli y Pepe, joyitas del "folclore" paraguayo. Luli se embarazó de un señor casado y más tarde vino su segundo retoño de otro señor con el que el embarazo fue un accidente. Pobre de ella que es "mamá luchona" y "sacrificada mujer independiente". Pepe, el más chico, el más cercano a María, el más despreciado por el padre por haber estado inmerso en el consumo de estupefacientes lo cual lo llevaba a robar para calmar su adicción; Hoy está casado y es papá y sale adelante como puede con su familia. Pobre de él por caer en el vicio por la mala junta y las circunstancias. Nino es bastante irrelevante, que aunque es profesional del derecho y también tiene su propia familia, se detestan mutuamente con su padre y hasta solían agarrarse a golpes en otros tiempos, él debió ser el hombre de la casa que defienda a su madre y hermanos, pues ya en aquel entonces le ganaba en físico a su papá pero optó por apartarse y hacerse el desentendido de todo. Pobre de él, la infancia le traumatizó tanto que eligió tapar el sol con un dedo, barrer la basurita bajo la alfombra.
María es la que va a limpiarle la casa los fines de semana, la que le llama dos a tres veces al día para saber si desayunó, si comió, si cenó, si se bañó, si tomó cada una de las medicinas de las que depende para vivir. Es la que va a quedarse en el hospital cada vez que se interna. La que sabe cada ropa, calzado y accesorio que tiene sin vivir con él. La que paga, la que va, la que viene. Pero ella no, no podemos decir pobre de ella porque es lesbiana, porque no tuvo sus propios hijos cuando los niños son lo que más ama, porque ella es una desviada, degenerada y cochina por gustar de personas de su mismo sexo; ella no es pobre por perder toda su juventud sin un amor, dedicada a cuidar de alguien siempre, de sus abuelos, de sus sobrinos, de su abusivo padre, de todo el mundo.
Pobre de vos María, por ser la mejor hija, hermana, tía, amiga, pareja, compañera y tener el corazón más grande del condado y estar sola aun así. Pobre de tus recuerdos agrios que callás porque de lo contrario deberías renunciar a la penitencia eterna ajena que adoptaste por culpa. Pobre de tu mente tan confusa y engañada que no suelta el lastre que la dejó atrapada en los años noventa. Pobre por no haber disfrutado de lo que más pregona tu religión que es el amor. Pobre de tus años y tiempo perdido en causas inanes. Pobre de vos María, lo digo yo, ya que la falsa y doble moral no lo dirá jamás.
Y así como María, está Jaime también, aunque la suya es otra historia por escribir. El mismo "delito", la misma "sentencia" con tonalidades distintas; y quién sabe de cuántos más en toda la superficie de este jodido globo.
*Este relato está basado en hechos reales. Los nombres son cambiados para proteger su identidad. Imagen creada con la IA ChatGPT


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Siento tanto no tener el poder de cambiar esta historia 😭
ResponderEliminarMuchas personas desearíamos tener una máquina del tiempo para corregir algunas cositas en nuestras acciones o decisiones. Pero de eso se trata la vida, conocer la historia para no repetirla...
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